Antecedentes

México se reconoce como una nación multicultural debido a la gran riqueza de diversas expresiones étnicas, culturales y lingüísticas que se manifiestan en su territorio. El derecho a esta diversidad cultural y lingüística ha sido apenas recientemente reconocido en el artículo 2do. Constitucional y, se considera uno de los pilares en los que se fundamentan la democracia y la identidad nacional.

Esta diversidad multicultural y lingüística ha sido resumida acertadamente por reconocidos investigadores quienes han señalado que en nuestro país, existen cerca de 400 variedades lingüísticas, las cuales pertenecen a más de 56 lenguas indígenas diferentes. Estas lenguas, a su vez, han sido clasificadas en nueve diferentes familias lingüísticas: mayense, mixe-zoqueana, otomangue, totonaca, yutoazteca, hokana y kikapu, además de dos lenguas aisladas, el huave y el purépecha o tarasco, sin relación con ninguna otra.

Esta riqueza multicultural y lingüística, sin embargo, ha influido en el grado de marginación social en la que viven, se desenvuelven y educan, los más de 5,300,000 mexicanos que reconocen hablar una lengua indígena (cf. XI Censo General de Población y Vivienda, 1990). Cabe aclarar, que la cantidad de hablantes mencionada, es solamente aproximada, ya que muchas de estas personas tienden a ocultar su especificidad lingüística impulsados por las profundas desventajas sociales que les han sido impuestas debido, precisamente, a las diferencias étnico-culturales y lingüísticas.

De acuerdo a lo anterior, las políticas educativas de México han venido proponiendo que en los centros universitarios y de educación superior se desarrollen programas que contribuyan a la formación de individuos altamente capacitados, para que puedan, además de participar en actividades de investigación o desarrollo, incidir en el mejoramiento del trabajo y el bienestar de todos los sectores poblacionales del país, especialmente los de grupos marginados como el sector indígena.

Atendiendo a este proceso educativo y a su compromiso social, la Licenciatura en Lingüística de la Universidad de Sonora, desde su inicio en 1978, ha venido apoyando el desarrollo de un área donde, además de estimular la práctica investigativa y la generación de conocimientos en la materia, se presta atención al estudio descriptivo de las lenguas indígenas y, de esta manera, se auxilia en lo posible, directa o indirectamente, a los distintos programas de educación bilingüe y bicultural que instrumentan las instituciones encargadas de ello.

Lo anterior ha sido posible debido a las características particulares del noroeste de México donde se hablan un poco más de una docena de lenguas indígenas, entre las cuales se encuentran: guarijío, kiliwa, kikapoo, kukapá, mayo, o’otam o pápago, pima bajo, seri, tarahumara, tepehuano del norte, tepehuano del sur y yaqui. De estas lenguas, el pima, el yaqui, el mayo, el guarijío, el tarahumara y el seri han sido objeto de investigación y estudio en la Universidad de Sonora.

Todas estas circunstancias, sociales e institucionales, aunadas a la creciente conciencia y demanda que existe en nuestro país de desarrollar obras de interés didáctico y educativo han motivado que académicos especialistas en las lenguas indígenas presten especial atención en esta área del conocimiento. Básicamente, investigadores procedentes del Departamento de Estudios de Lenguas Indígenas (DELI) de la Universidad de Guadalajara, del Seminario de Lenguas Indígenas del Instituto de Investigaciones Filológicas (SLI-IIF) de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios (CELL) de El Colegio de México, quienes desde 1995, mostraron interés en apoyar a la División de Humanidades y Bellas Artes (DHBA) de la Universidad de Sonora para la apertura de un programa de Maestría en Lingüística, con énfasis en Lingüística Indoamericana, con sede en la Universidad de Sonora.

La propuesta de este Programa de Maestría en Lingüística, se apoya además en políticas educativas como: la descentralización del trabajo intelectual, la cooperación interinstitucional y el desarrollo del posgrado en centros de educación superior con perfil específico de carácter regional.

En mayo de 1998 el Colegio Académico de la Universidad de Sonora acordó aprobar el programa de Maestría en Lingüística, el cual dio inicio el mes de agosto del mismo año.